Milton H. Erickson sin trance

Trabajo presentado en el Encuentro “Celebrando los 50° años del MRI”, 22 de Agosto de 2009, Universidad Autónoma, Sede Talca, región del Maule, Chile

Ps. Mario Pacheco León

¿Qué es primero: el huevo o la gallina? En el contexto de nuestra celebración, este dicho tendría que ser algo así:
¿Habría existido el Centro de Terapia Breve del M.R.I si Haley y Weakland no hubiesen asistido en el año 1956 a una demostración de hipnotismo de Erickson en Phoenix? (Erickson, Haley y Weakland, 1959), o ¿Estaría Erickson y su trabajo en el baúl de las rarezas psicoterapéuticas si no se hubiese fundado el Centro de Terapia Breve del M.R.I., y no hubiesen estudiado su terapia inusual?
Como ustedes comprenderán, la respuesta a esas interrogantes es imposible, a no ser que consideremos la relación entre la gallina y el huevo, o la relación entre Erickson y el M.R.I.

En el año 1965, cuando Richard Fisch le propuso a Don Jackson la creación del Centro de Terapia Breve del M.R.I. (Fisch, 1965), escribió que el objetivo del Centro sería el desarrollo y el estudio de tratamientos orientados hacia los síntomas, y que podrían usarse técnicas ya probadas en otros tratamientos como la hipnosis y la manipulación de síntomas como es descrita por Haley en Estrategias de Psicoterapia (Haley, 1966), además de otras técnicas.

¿A qué hipnosis estaba refiriéndose Fisch? A la terapia hipnótica de Erickson, conocida a través del los contactos y el estudio de Haley y Weakland con Erickson.

¿Qué escribió Haley en Estrategias de Psicoterapia? En ese volumen histórico, Haley se basa principalmente en el trabajo de Erickson para definir a la hipnosis como un fenómeno interaccional, y definir a la terapia estratégica o psicoterapia breve del siguiente modo:

“La psicoterapia breve es inevitablemente un tratamiento directivo. Es preciso persuadir al paciente para que participe en la producción del cambio. En los tratamientos prolongados el paciente participa acudiendo regularmente a las sesiones y expresando cuanto le acude al pensamiento. En la psicoterapia breve se le pide que siga instrucciones específicas que implican una labor de cooperación cuyo fin es modificar su conducta sintomática. Según Erickson, debe decírsele al paciente que haga algo y este algo ha de estar relacionado de alguna forma con su problema” (Haley, 1966, p. 55).

En ese volumen, Haley propone tomar la relación hipnótica como un modelo para la psicoterapia; es decir, una psicoterapia en la cual el terapeuta —a través de métodos directos e indirectos— busca influir en la experiencia del consultante, para que éste coopere con el terapeuta.

Cabe preguntarse, entonces, ¿por qué si Haley dedica varias páginas en su libro a analizar los métodos hipnóticos de Erickson, aparentemente el hipnotismo no está presente en los dos volúmenes claves del Centro de Terapia Breve del M.R.I.: Cambio (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1982) y la Táctica del Cambio (Fisch, Weakland y Segal, 1984)?

Mi tesis es la siguiente:
En el M.R.I. trabajaron arduamente para desarrollar una nueva visión de la comunicación humana, una visión pragmática (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1987). En su teoría de la comunicación, los autores desarrollan varios axiomas, y el primero de ellos afirma que en una situación de interacción es imposible no comunicarse, es decir, es imposible que los interactuantes no se influyan mutuamente en su comportamiento; y luego los siguientes axiomas describen los componentes de la comunicación.

Y como su enfoque surge de la cibernética y la teoría de sistemas, pueden prescindir de la metáfora del inconsciente, tan familiar no solamente en la psicología dinámica, sino que también en las teorías del hipnotismo (desde James Braid hasta nuestros días, pasando por los neo-ericksonianos). Los autores afirman que “[…] no es necesario recurrir a ninguna hipótesis intrapsíquica imposible de verificar en última instancia, y que es posible limitarse a las relaciones observables entre entradas y salidas, esto es, a la comunicación”. (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1987, p. 44-45). Sin embargo, lo expuesto hasta aquí aun no responde al título de esta presentación, “Milton H. Erickson sin trance”.

En 1980, en el Primer Congreso Internacional de Enfoques Ericksonianos de Hipnosis y Psicoterapia realizado en Phoenix, Arizona, en una conferencia acerca de las contribuciones de Erickson a la formulación del enfoque terapéutico interaccional del Centro de Terapia Breve del M.R.I., Watzlawick (1982) comenzó su presentación del siguiente modo:

“El título de mi presentación parece absurdo, si por terapia interaccional queremos decir un método de tratamiento basado no en procesos intrapsíquicos hipotetizados, sino que en pautas observables de interacción y, por lo tanto, comunicación entre las personas […] Lo que se me ha solicitado que presente en este Congreso es la influencia del genio de Milton H. Erickson en los sistemas humanos, no sólo en los individuos. Cuando uno lee sus artículos y libros, advierte cómo gradualmente se trasladó desde una epistemología estrictamente intrapsíquica, basada en las ideas tradicionales intrapsíquicas […] a una visión que tomó más en cuenta el contexto social en el cual los seres humanos viven y sufren. Y para uno es imposible ubicar en el tiempo su transición.” (Watzlawick, 1982, p. 147)

Entre los aportes de Erickson al enfoque interaccional del M.R.I., Watzlawick (1982) destaca los siguientes:

  • Les enseñó un uso diferente del lenguaje. Tradicionalmente el lenguaje de la psicoterapia había sido el lenguaje de la interpretación; sin embargo Erickson usaba el lenguaje hipnótico en una forma inyuctiva; es decir, un lenguaje prescriptivo, “Haga algo”. El lenguaje inyuctivo de Erickson es un lenguaje que prescribe comportamientos, pero de un modo indirecto.
  • Otra enseñanza de Erickson fue el principio de utilización que impregnaba sus métodos de inducción de trance y el uso clínico de la experiencia de trance del consultante, así como también las prescripciones de tareas para la casa. Podemos representar el principio de utilización de Erickson en el siguiente aforismo: “Todo lo que usted diga y haga aquí, puede ser usado en su favor”. Es decir, el terapeuta usa el lenguaje, el comportamiento y el mismo problema del cliente para facilitar la tarea de influirlo para que éste se comporte en una forma distinta.
  • Les enseñó además a usar en forma terapéutica la resistencia del consultante; en lugar de confrontarla, se la estimula; y por lo tanto se la convierte en cooperación; es decir, una intervención paradójica Ese principio desarrollado por Erickson en sus experiencias en inducción de trance, lo trasladó a la prescripción de comportamientos con fines terapéuticos.
  • También les mostró cómo incorporar el uso de juegos de palabras, chistes y metáforas, para influir en el consultante.

Desde mi punto de vista, en el Centro de Terapia Breve del M.R.I. refinaron y sistematizaron las estrategias de Erickson para conseguir la alteración de las pautas de comportamientos o entendimiento que se ha convertido en el problema que llevó a los clientes a buscar terapia.

Les recuerdo que en general la intervenciones del M.R.I. pueden dividirse en dos grandes grupos: aquellas destinadas a modificar el “encuadre” del problema (reestructuración o reencuadre) y las estrategias dirigidas a cambios en el comportamiento (alteración de las pautas rígidas de las soluciones intentadas que mantienen el problema), las cuales toman la forma de tareas para realizar entre sesiones y que caen en la categoría de las intervenciones paradójicas. Sin embargo, ¿qué hacían en el Centro de Terapia Breve del M.R.I. que les daba resultado, y que no explicaron en sus libros, porque muchos terapeutas principiantes que colocan en práctica sus sugerencias no consiguen los efectos descritos por esos autores en el comportamiento de los clientes, o incluso les sale el tiro por la culata?

La respuesta es simple y compleja a la vez: al igual que Erickson, los fundadores del enfoque de terapia breve del Centro de Terapia Breve del M.R.I., cortaban la terapia a la medida del consultante.

¡¡Pero cómo se hace eso, dónde venden las tijeras y la huincha para medir, porque yo quiero tenerlas!! No corran a ninguna tienda a comprarlas, porque es su propio consultante quien les proporciona la materia prima y las herramientas para cortar la terapia a medida.

Cuando Rossi (Erickson y Roosi, 1979) le preguntó a Erickson cuál era el objetivo de usar hipnotismo con los clientes, ya fuera en forma directa o indirecta, éste le respondió que buscaba obtener de ellos disposición a responder… ¿responder a qué?… a sus directivas terapéuticas; es decir, que los consultantes hicieran realidad/actuaran los mandatos —inyucciones— del terapeuta. Pero, ¿y cuando era imposible advertir que había efectuado una inducción de trance, o que los consultantes habían entrado en trance, Erickson cambiaba de enfoque? No, en lo absoluto, usaba las mismas técnicas de influencia, pero sin una atmósfera hipnótica formal (entendiéndose como respuesta hipnótica a las respuestas involuntarias del consultante).

Lo que está entre líneas en los primeros trabajos de los fundadores del enfoque terapéutico del M.R.I., son las técnicas de influencia de Erickson que ellos usan en su trabajo con los consultantes, y que Erickson desarrolló a través de sus extensos estudios de la inducción y el uso terapéutico del trance hipnótico. Por medio de esos estudios se percató que cada consultante le proponía la tela, el hilo, las agujas y la tijera… ¿Y la huincha para medir? Ah, esa la colocaba el propio Erickson, en su habilidad entrenada para la observación del comportamiento.

Posteriormente, Nardone y Watzlawick (Nardone y Watzlawick, 1992) definieron lo que ellos denominan hipnoterapia sin trance. Es decir, un método de influencia terapéutica que incorpora las técnicas de influencia de Erickson desarrolladas en su estudio de la hipnosis, en una terapia cortada a la medida, que fomenta que los consultantes hagan realidad las prescripciones terapéuticas.

Recientemente, Nardone (2008) ha definido a la “hipnoterapia sin trance” del siguiente modo: “La hipnosis sin trance puede describirse como un estado de fuerte sugestión a continuación de maniobras comunicativas que permiten a la persona abandonar el estado de rigidez, dilatando su capacidad de percibir, [y en el cual se aumenta la posibilidad] de dar indicaciones y aclaraciones a la persona, [que] si no estuviese en estado de trance, no aceptaría.”

Y más adelante, el mismo autor indica: “Las técnicas de hipnosis e hipnoterapia sin trance coinciden con las técnicas de comunicación estratégica: utilizar el lenguaje verbal y no verbal, junto a procedimientos de resolución de problemas, para obtener cambios en las percepciones y en las acciones de nuestros interlocutores o de nosotros mismo. Dicho de otro modo: volver ‘mágicas’ las palabras.” (Nardone, 2008, p. 120)

¿Qué aspectos de la materia prima que llevaba el cliente a la terapia eran “medidos” por la observación de Erickson?:

  • El estilo de respuesta del consultante: Para Erickson la terapia no consistía en una simple conversación entre un atribulado consultante y un experto terapeuta; sino que la entendía como una relación de colaboración entre dos o más personas, en la cual se esperaba que el terapeuta influyera en el consultante, para que éste se liberara del problema que lo había llevado a consultar. Por lo tanto, era clave determinar el estilo de respuesta del consultante para que el terapeuta se meta-posicionara y eligiera un método que colaborara con ese modo particular de responder.

¿Cómo se percataba Erickson del estilo de respuesta del consultante? Acá es necesario hacerse una pregunta: ¿qué tipo de consultantes acudían a Erickson? La lectura de los Collected Papers de Erickson y Terapia No Convencional de Haley, permiten percatarse que la mayoría de las personas que llegaban donde Erickson eran derivados por otros médicos. ¿Cuándo un terapeuta deriva a un consultante a otro terapeuta? Probablemente, cuando se ha percatado que la terapia que ha estado efectuando no ha servido; e imagino que los médicos que derivaban esos consultantes los habían etiquetado como “resistentes”. Y los derivaban a Erickson, porque éste tenía fama como hipnotista y como un terapeuta exitoso.

Les recuerdo que hasta hace poco, es decir, antes que Haley y otros estudiaran y divulgaran la hipnosis de Erickson, se entendía que el hipnotista era una persona experta que poseía poderes especiales para influir en el comportamiento del consultante.

Por lo tanto, muchos de los consultantes que llegaban donde Erickson, sabían que éste usaría hipnotismo con ellos; lo cual probablemente los colocaba a la defensiva; además, muchos de ellos ya habían “derrotado” a varios terapeutas antes.

Ahora bien, si esos consultantes eran derivados para que les “hicieran” hipnosis, Erickson colaboraba con ellos induciéndoles hipnosis, y podía percatarse del modo en que aquellos seguían sus directivas para que “entraran en trance”. Algunos de esos consultantes seguían al pie de la letra las instrucciones de Erickson, mientras que otros tenían un estilo muy personal de responder, incluso haciendo lo contrario.

Con aquellos consultantes que seguían sus instrucciones al pie de la letra, Erickson se comportaba como cualquier terapeuta, entregándoles instrucciones directas; y para aquellos que respondían en una forma muy singular, se meta–posicionaba siendo indirecto e incluso entregando instrucciones paradójicas.

Fisch, Weakland y Segal (1984) en Las tácticas del cambio, afirman que la tarea principal de la terapia consiste en influir sobre el consultante para que afronte de un modo distinto su problema. “Pero el cómo influyamos sobre otro individuo depende en gran medida de quién intentamos influir. […] El cómo expresemos algo puede resultar convincente para una persona pero no para otra” (p. 109).

Con este propósito, los autores realizan diversas distinciones, a distintos niveles:

  1. ¿Tenemos un “paciente”? Indican que el consultante puede asumir una de dos posturas: el problema es manifiestamente doloroso, por lo cual el cambio se ha convertido en una necesidad urgente; o el estado actual es indeseable, pero no incómodo en exceso y no se necesita un cambio; los autores indican que esta segunda postura es frecuente en los individuos que acuden a terapia bajo coacción o imposición. (Recuerdo a los lectores que Prochaska y DiClemente conceptualizaron un tercer tipo de postura: la persona que sabe que tiene un problema, pero está ambivalente a iniciar un proceso de cambio… porque todo cambio, a pesar de los beneficios, implica pérdidas… que a veces son anticipadas como muy dolorosas…).

Los trabajos más recientes de James Prochaska y Carlo DiClemente (Prochaska y Prochaska, 1993; Prochaska, Norcross y DiClemente, 1994; DiClemente y Velasquez, 2002), de William Miller y Stephen Rollnick (Miller y Rollnick, 1999, 2002; Rollnick, Miller y Butler, 2008; Arkowitz, Westra, Miller y Rollnick, 2008), y de Insoo Kim Berg y Scott Miller (Berg y Miller, 1996), han entregado un marco conceptual, un enfoque terapéutico y estrategias terapéuticas para fomentar la motivación para el cambio de comportamientos, tanto con los consultantes que presentan problemas de comportamientos adictivos, como los que presentan problemas psicológicos y de salud. El enfoque terapéutico de Miller y Rollnick posee congruencia epistemológica y metodológica con la terapia breve sistémica, debido a cual podemos integrar sus estrategias y sugerencias en un modelo de terapia estratégica y en un enfoque centrado en soluciones (Lewis y Osborn, 2004/2008).

  1. ¿Cuáles son las expectativas de los consultantes que perciben que requieren un cambio urgente? Los autores describen que los consultantes pueden mostrarse pesimistas acerca de la solución del problema, o demasiado optimistas.
  1. ¿Y acerca de su posición respecto al terapeuta? Afirman que los consultantes pueden asumir una de estas tres posturas: (a) receptores pasivos de la sabiduría y consejos de los terapeutas; (b) clientes que se hacen cargo activamente del tratamiento, “utilizando al terapeuta como una caja de resonancia pasiva” (Fisch, Weakland y Segal (1984, p. 116); y (c) buscan ayuda a través de una actividad y responsabilidad recíprocas entre ellos y el terapeuta.
  1. ¿Y sus valores personales, cómo influyen en la terapia? Según los autores, ciertos valores personales de los consultantes afectan al tratamiento. Algunos consultantes pueden verse a si mismos como personas extraordinarias, y por lo tanto se sienten motivados por los riesgos; otros, en cambio, temen a los desafíos y estarían dispuestos a realizar tareas discretas y sencillas; otros, se sentirán motivados por tareas que impliquen un sacrificio personal, siempre que sea constructivo.

En síntesis, esos autores nos están proponiendo conjugar esas cuatro variables en nuestro trabajo de sastrería terapéutica, si realmente nuestra intención es influir en forma exitosa en el comportamiento de los clientes.

Watzlawick y Nardone (Nardone y Portelli, 2006) proponen cuatro tipos de respuestas típicas o “resistencia” al cambio: (a) la persona colaboradora, (b) las personas que quisieran ser colaboradoras, pero no pueden; (c) las personas no colaboradoras y abiertamente opuestas; y (d) las personas que no son capaces ni de colaborar deliberadamente, ni de oponerse. Los autores proponen diversas estrategias para acomodarse a ese estilo de respuesta del cliente.

Bleuter (Beutler, Moleiro y Penela, 2004), basándose en el concepto de reactancia de la psicología social, propone que el terapeuta evalúe por medio de un cuestionario la reactancia de los consultantes para elegir la meta–posición del terapeuta al efectuar la terapia. Se define como personas con baja reactancia a aquellas que siguen fácilmente las instrucciones de otras personas, y el terapeuta puede entregar sus directivas en forma directa; mientras que una elevada reactancia se caracteriza por un afán de autodeterminación del consultante, y una tendencia a no seguir las instrucciones de otro, y con esos consultantes el terapeuta tiene que meta–posicionarse entregando mensajes en forma indirecta e incluso ofrecer sugerencias paradojales.

En el Centro de Terapia Familiar Breve de Milwaukee, Steve de Shazer (1984, 1991) usa el concepto de cooperancia para referirse a este fenómeno; es decir, a través de qué forma el consultante coopera/responde a las sugerencias del terapeuta; debiendo éste acomodarse al estilo de cooperancia del consultante.

  • Estilo de la atención del cliente: Como ustedes comprenderán, para que una persona pueda influir en la experiencia de un interlocutor en un contacto cara a cara, debemos ser capaces de atraer la atención de la persona hacia nuestro discurso. En un análisis que realizan Erickson y Rossi (Erickson, Roosi y Rossi, 1976) acerca de las microdinámicas de la inducción de trance y las sugestiones (es decir, sugerencias) terapéuticas, toda inducción de trance comienza a través de la fijación de la atención en un aspecto restringido de la experiencia del cliente.

Erickson descubrió que en lugar de solicitar que el consultante se acomodara al estilo particular de proceder del terapeuta, era éste quien debía acomodarse al estilo particular del consultante; esto se conoce como acompañar o espejar al cliente. Erickson se percató que si él se acomodaba e incluso estimulaba el modo particular de responder del consultante, éste se mostraba más dispuesto a seguir sus directivas. Es decir, “te acompaño, para que luego tú me sigas” (pacing and leading).

Nardone y Watzlawick (1992; Nardone, 1997) en su “hipnoterapia sin trance” proponen que el terapeuta debe “calcar” (pacing) el lenguaje del consultante, y entregar sus mensajes haciendo uso del mismo estilo en que el consultante estructura su discurso. Asimismo, sugieren usar un número de estrategias de persuasión no verbales y verbales, todas ellas usadas por Erickson cuando inducía trance hipnótico (Nardone y Salvini, 2006; Nardone, 2008).

  • Uso de historias y metáforas terapéuticas: En la mitología de los años 1980 acerca de Erickson, éste aparece como un anciano sabio que acostumbraba a relatar historias a sus clientes. ¿Cuál era el objetivo de Erickson? ¿Transmitir enseñanzas a través de sus cuentos? Esa es una lectura… la lectura romántica. Sin embargo también podemos hacer una lectura estratégica: muchas de las historias que relataba Erickson tenían como objetivo fijar la atención del consultante en una historia interesante, para preparar el terreno para una intervención posterior, o como dice Nardone, una “confección metafórica de la prescripción terapéutica” (Nardone, 2008, p. 152).

Es decir, a través de esa historia, interesante para el consultante, el terapeuta estaba fomentando una respuesta de receptividad en éste a sus directivas terapéuticas posteriores. Esto significa que el terapeuta estratégico no entrega sus prescripciones en forma “fría”, de una sola vez; especialmente cuando esas prescripciones implican proponerle al consultante comportamientos que parecen absurdos o son inusuales.

Sin embargo, también Erickson podía contar historias que le estaban proponiendo nuevas ideas al consultante, pero esas ideas eran transmitidas en forma indirecta (entrelazadas) dentro del cuento.

  • Prescripciones terapéuticas hechas a medida de la fenomenología del problema y la disposición a responder del cnsultante: Haley (1966) destacó como muy algo muy inusual para la época de Erickson, el frecuente uso que hacía éste de las prescripciones paradójicas. Sin embargo, las paradojas están presentes en todas las terapias, aunque los terapeutas no se percaten de ellas.

En su libro, Haley recurre a un historia Zen para ejemplificar en qué consiste una paradoja: “El maestro sostiene, por ejemplo, un bastón sobre la cabeza del discípulo y le dice: ‘Si crees que este bastón es real, te golpearé con él; si crees que no es real, te golpearé con él; si no crees ni una cosa ni la otra, te golpearé con él’. El discípulo se encuentra en una situación imposible si intenta resolverla según las normas que le sirvieron para resolver problemas previos. […] La única forma en que el discípulo puede resolver el problema es modificando su sistema de clasificación; tiene que desmentir las premisas del problema o renunciar a sus premisas sobre la relación con el maestro, que están implícitas en el planteamiento del problema. El modo de hacer ambas cosas es agarrar el bastón” (Haley, 1966, p. 221; subrayado en el original).

Posteriormente, Watzlawick, Weakland y Fisch (1982) indicaronn que en la formación y mantenimiento de los problemas humanos, es frecuente encontrar paradojas[1]; las personas, en forma inadvertida, se entrampan en paradojas cuando intentan superar sus dificultades. (El Grupo de Bateson desarrolló la teoría de la doble coacción [doble vínculo)] en el desarrollo de su teoría relacional de la esquizofrenia; y el doble vínculo es una paradoja; Bateson et al., 1956/1991).

¿Dónde se encuentran las paradojas en el trabajo de Erickson?: (a) en sus acercamientos hipnóticos para la inducción de trance con algunos individuos, y (b) en la prescripción de tareas con otros consultantes.

  1. Acercamientos hipnóticos: El uso de las paradojas en la inducción de trance aparece en el enfoque desarrollado por Erickson para meta–posicionarse con sujetos “resistentes a la hipnosis”.

Erickson y Rossi distinguen entre “coacción” y “doble coacción” (Erickson y Rossi, 1976, 1980; Rossi y Jichaku, 1992). Definen coacción como el ofrecimiento de dos o más alternativas de comportamiento comparables, y cualquier elección que haga el individuo lo lleva en la dirección deseada. Watzlawick, Weakland y Fisch (1982) definen a esa estrategia como ilusión de alterativas: “cuando se da una elección aparente entre dos posibilidades que no son en realidad contrapuestas, sino que a pesar de su supuesta oposición, sólo representan un polo de una pareja opuesta de un orden superior.” (p. 98).

Por ejemplo, “Usted puede entrar en trance con los ojos abiertos o cerrados”; cualquiera de las dos opciones que elija el sujeto indica que entrará en trance.

La doble coacción, sin embargo, es más compleja; ya que ofrecen posibilidades de comportamientos que están fuera del rango usual de elección y control consciente. En la doble coacción surge la posibilidad de comunicarse en más de un nivel. Ya que: (1) decimos algo, y (2) comentamos simultáneamente sobre lo que estamos diciendo. Erickson y Rossi (1980) las definen como incertidumbres terapéuticas, que tienden a bloquear o romper las actitudes habituales y marcos de referencia del sujeto, de modo que la respuesta es dada en un nivel involuntario (inconsciente, hipnótico).

Por ejemplo, “Si su mente inconsciente desea que usted entre en trance hipnótico, ¿cuál mano se sentirá liviana primero, la derecha o la izquierda?… ¿o ambas se sentirán livianas al mismo tiempo?… ¿o una se sentirá liviana mientras la otra se coloca pesada?… ¿o ambas se colocarán pesadas al mismo tiempo?”

¿Se confundieron?… Justamente esa es la idea, confundir al oyente, ya que le estamos pidiendo que haga algo a un nivel consciente, voluntario, pero la respuesta solicitada está fuera del control voluntario: la sensación de pesadez o liviandad en la mano.

  1. Prescripciones paradojales: Erickson afirmaba que las personas tenían problemas psicológicos porque estaban rígidamente pautados en una visión de mundo y de soluciones limitante, de modo que no pueden hacer uso de sus recursos para resolver esos problemas. (Erickson y Rossi, 1979). Por lo tanto, su uso de los acercamientos hipnóticos y las prescripciones paradójicas buscaban debilitar esa visión de mundo limitante.

¿Con qué tipos de consultantes usaba las prescripciones paradójicas? Con aquellos que se mostraban resistentes a la terapia, o creían que no podrían cambiar.

Obsérvese este comentario de William Miller (Miller y Rollnick, 1999) en la entrevista con un consultante con problemas con la bebida:

“Usted está muy satisfecho con la forma en que ha estado bebiendo alcohol, y realmente no quiere cambiar. Esa es una elección que le corresponde a usted realizar, y quizá sea lo que debería hacer. Claramente, sería difícil para usted poder cambiar su forma de beber —podría ser demasiado duro. Puede que incluso no lo pudiera hacer si lo intentase. El tema es que parece que lo que realmente quiere es continuar bebiendo tanto como lo ha hecho hasta ahora, o incluso más. Tal vez eso sea lo que usted necesita. Quizá realmente necesita alcohol para poder enfrentarse a la vida.” (p. 144)

Haley (1966) denomina pesimismo terapéutico a esa estrategia. Y se espera que el consultante reaccione hacia esa prescripción haciendo justamente lo contrario; modificando su patrón de consumo de alcohol para demostrarle al terapeuta que esta equivocado. ¿Podemos usar esta estrategia con todos los clientes? Por supuesto que no, sólo con aquellos que el terapeuta ha advertido que asumen una posición de desafío hacia la terapia. ¿Se imaginan haciendo esa prescripción a una cliente deprimida que no sea capaz ni de colaborar deliberadamente, ni de oponerse? (Nardone y Portelli, 2006).

Otra prescripción paradójica en el trabajo de Erickson es la prescripción de síntomas. ¿Con qué clientes la usaba? Con aquellos que estaban entrampados en la paradoja de “sé espontáneo” (Watzlawick, Weakland y Fisch, 1982); es decir, la persona está intentando controlar en forma voluntaria síntomas que son involuntarios, como ocurre por ejemplo con los trastornos ansioso-fóbicos (Nardone, 1997).

Haley (1966) indica que la prescripción de síntomas implica prescribirle benévolamente al cliente comportamientos que son penosos. “Cuando el terapeuta dispone en un contexto benévolo una situación penosa que se prolonga hasta que el paciente cambia, la respuesta de éste ha de ser experimentar un cambio espontáneo” (p. 230, subrayado en el original).

Otro uso de las prescripciones paradójicas tiene relación con lo que en el M.R.I. han denominado manejo del cambio (Fisch, Weakland y Segal, 1984); es decir estrategias cuyo objetivo es prevenir las recaídas en el problema, como la prescripción de vaya lento, no cambie tan rápido, o la prescripción de recaídas.

Entonces, ¿estoy queriendo significar que para convertirnos en terapeutas estratégicos y emular a los fundadores del enfoque de terapia breve del Centro de Terapia Breve del M.R.I., debiéramos convertirnos primero en hipnotistas como Erickson?

Según Jay Haley (Haley, 1997), “la formación en destrezas de inducción de la hipnosis puede resultar útil aun para quienes no la practican de manera directa. Al tiempo de aprender a impartir directivas, también aprenden a coparticipar con un cliente del modo más eficaz. Aprenden a utilizar metáforas en sus mensajes, o directivas abiertas.  […] No sólo es valioso aprender los usos terapéuticos de la hipnosis; las destrezas personales que se adquieren durante el aprendizaje son más aun importantes y pueden aplicarse a cualquier tipo de terapia”. (p. 62)

Si ustedes desean emular a Erickson y convertirse en hipnotistas, ¡bien por ustedes!… pero les recuerdo que Erickson falleció en 1980, y que han transcurrido 29 años desde su muerte, por lo tanto en ese aprendizaje también debieran incorporar lo que hemos aprendido de psicoterapia en estas casi tres décadas.

No le gusta eso de la hipnosis, ¡no es un problema! Sin embargo, le recordamos que Erickson más que ser un mago de la manipulación de otros, fue un mago de la observación (Rossi, 1990) y de la utilización terapéutica, al igual que los fundadores del enfoque de terapia breve del M.R.I.

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[1] El Grupo de Bateson desarrolló la teoría de la doble coacción (doble vínculo) en el desarrollo de su teoría relacional de la esquizofrenia; y el doble vínculo es una paradoja. (G